San Ti

La senda de la ilusión por Jerónimo Milo
Jerónimo Milo

por

La senda de la ilusión

La anécdota marcial exagerada, inaudita
y ridícula que escuchamos sobre los
antiguos maestros es un elemento profundamente
enlazado con las Artes Marciales.
Muchas veces usamos tendenciosamente
estas historias para distinguirnos de otros
estilos y escuelas. Decimos que nuestros
maestros volaban, que arrancaban árboles
del piso o que perforaban el acero con
sus dedos. A veces sirven para transmitir
ejemplos morales o hechos históricos,
pero igualmente estamos en otra época
en la que el Arte Marcial puede enseñarse
efectivamente sin entrar en el “modo
fábula”.
Aclaro, mi crítica no es hacia los maestros sino
los que inventan las historias, alejando a los
maestros de su condicion humana. La mismisima
hija de Sun Lu tang se dedico a refutar las historias
fantasiosas que se creaban sobre su padre.

Como nosotros nunca vamos a volar,
presentamos las historias de los maestros y
automáticamente pensamos que pertenecemos
a una “elite” por ser parte del linaje
o practicantes del arte de ese maestro.
Así, nos desentendemos de lograr por
nuestra propia cuenta esa habilidad pero
nos adjudicamos el derecho de óbtener
el respeto que se ganó la otra persona.

Esta senda sólo se aleja de la realidad. Le
escapamos a la verdadera habilidad que
tenían los maestros, que no tenía nada que
ver con elementos fantásticos. Lograr esa
habilidad real, basada en principios reales
es sólo responsabilidad nuestra. Podemos
hacerlo, porque si ellos pudieron hacerlo
nosotros también. Ellos eran personas,
eran hombres o mujeres, eran gente, eran
carne... ellos son el mejor ejemplo de que
todos podemos lograrlo. No es imposible,
sólo hay que hacer lo mismo que hicieron
ellos y eso está muy alejado de querer volar
como un Power Ranger.
Algunos dicen que querer cumplir
semejantes actos sobrenaturales nos hace
siempre seguir esforzándonos en una
búsqueda sin fin. Pero la realidad es que
vamos detrás de una fuerza o de una
habilidad que no es posible en términos
humanos y terminamos lesionados,
frustrados o repitiendo incoherentemente
anécdotas que escuchamos por allí. Las
historias son solo eso: historias.
El delirio nos hace ir por la senda del
delirio, seguir una ilusión nos hace ir por
la senda de la ilusión. Pero sólo la práctica
sensata y el razonamiento objetivo nos
hace ir por la senda de la habilidad real.
Las fantasías marciales nos alejan de
nuestra simple condición de humanos y
restringen nuestro camino para ser verdaderos
maestros. La senda de la maestría es
dura, pero al final se limita al simple hecho
de practicar.