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TAI CHI CHUAN Y LA HIPERTENSION por Jerónimo Milo
Jerónimo Milo

por

TAI CHI CHUAN Y LA HIPERTENSION

EL TAI CHI CHUAN COMO COMPLEMENTO PARA ENFRENTAR LA HIPERTENSION ARTERIAL

INTRODUCCION


Cuando se habla de Tai Chi Chuan (TCC) se lo suele asociar en general con la salud, con personas mayores practicando en una plaza o con un estado de meditación en movimiento. Los beneficios evidentes que trae su práctica regular han hecho que en algunos países se lo encuadre dentro de las medicinas complementarias (aquellas que actúan en conjunto con la convencional). Toda esta variedad de beneficios que nos proporciona el TCC ha llevado a que se lo promocione con entusiasmo, a través de diversos discursos. Algunos argumentos tienen fines nobles que se atienen a la evidencia personal, científica y demostrable, pero otros quizás se basan en engaños con el sólo fin de obtener una ganancia comercial, aprovechándose de la confianza de la gente.




Cuando queremos demostrar algo solemos aseverar en base a nuestras vivencias personales o a lo que nos contaron. Muchas veces usamos razonamientos lógicos basados en nuestra vida misma o en análisis realizados por profesionales del rubro. Otras veces simplemente sabemos que estamos frente a una verdad, pero no sabemos cómo expresarla. Lamentablemente, cuando se nos acaban los recursos solemos recurrir a una popular frase muy usada por especialistas de la discusión o las publicaciones dudosas: "hay estudios que demuestran...", es -quizás- la frase más empleada para defender un punto de vista o un argumento, como si la sola mención de esta frase significara algo absoluto. Siempre se menciona que "hay estudios...", pero esos estudios nunca aparecen o son citas de un artículo que cita a otra nota, que a su vez cita a un ensayo publicado en un blog que cita un comentario de un foro de medicina alternativa croata que se basa en un estudio al que nunca podemos acceder y que quizás ni siquiera exista. Esta falta de seriedad hace que la sola mención de que “hay estudios…" sin, de hecho, presentarlos o demostrar su existencia, haga que el uso de este recurso como afirmación sea -como mínimo- sospechosa.
Lo interesante es que cuando queremos hablar de Tai Chi Chuan como medio para mejorar la salud sí hay estudios realizados. Quizás algunos no sean totalmente concluyentes o se han armado sobre un diseño experimental con pocos sujetos o poco tiempo de observación, pero en todos se establece una tendencia similar. El objetivo de este artículo es presentar los beneficios que pueda tener la práctica de TCC en relación a la hipertensión, mediante la revisión de bibliografía científica publicada que le otorgue fiabilidad y seriedad a este tema para entonces poder utilizarlo como posible complemento al enfrentar la hipertensión arterial. No pretende ser una nota liviana ni divertida, simplemente informativa y que sirva de referencia para todos los profesores de este arte, como también para los profesionales interesados.


EL TAI CHI COMO COMPLEMENTO PARA LA SALUD

Históricamente el Tai Chi Chuan ha sido conocido por sus beneficios directos e indirectos sobre la salud. Este aporte es tal, que actualmente se conoce más al Tai Chi Chuan por su acción terapéutica que por su aspecto marcial original. Mediante las experiencias empíricas de sus practicantes y el desarrollo de diversos estudios, la medicina ha tomado al TCC como una herramienta que contiene beneficios potenciales para el tratamiento de diferentes enfermedades crónicas (1;2;3;4). Si bien el TCC puede catalogarse como una actividad aeróbica, su baja intensidad no produce estímulos significativos para el sistema aeróbico, por lo que los aportes se presentan más en otros aspectos que citaremos más adelante.
El primer estudio científico que describió los efectos del TCC sobre la salud se atribuye a Xu Zhi-Yi`s en su libro Preliminary explosion of tai chi chuan, de 1927 (5), donde se habla sobre la relación del TCC en la fisiología, psicología y kinesiología del ser humano. Contemporáneo de este, es una publicación del famoso Wu Tu Nang, del Instituto Marcial de Nanking, quien empleó un abordaje experimental para intentar comprender las artes marciales chinas mediante la ciencia moderna. Una de los primeras publicaciones científicas sobre los efectos del TCC sobre la salud a largo plazo se dio en China, en 1959 (6), sobre personas que habían practicado TCC durante más de 40 años. De allí se desprendió una disminución en la presión sistólica de hasta 134 mm Hg (milímetros de mercurio, una medida estandarizada de presión) en un grupo activo, comparado con un grupo sedentario que arrojó 154 mm Hg (6) como resultado.
El mayor porcentaje de estudios actuales sobre TCC trata sobre la prevención y reducción de caídas en adultos mayores, además de la ganancia de confianza en relación al miedo con estas. El estudio de Wolf et al. mostró que un programa de TCC podía reducir el riesgo de caídas en un 47 por ciento (7). Científicos del Instituto de Investigación de Oregon (ORI) analizaron el TCC y la reducción de caídas en adultos mayores y concluyeron que la práctica regular es efectiva para disminuir el número de caídas, el riesgo de caídas y el miedo a que estas se produzcan (8).
Muchos estudios se realizan sobre adultos mayores porque el TCC es una de las pocas actividades adecuadas para este sector de la población. El estímulo propioceptivo (percepción de la posición) constante y el trabajo de cambio de peso de manera lenta y controlada exigen un trabajo intensivo de la musculatura estabilizadora y el equilibrio. Un interesante análisis de Tsang y Hui Chan en el que se estudiaba la diferencia entre los golfistas y los practicantes de TCC en relación a la propiocepción y el equilibrio durante el cambio de peso, arrojó que los practicantes de TCC y los golfistas tenían un mejor control propioceptivo de la rodilla que los que no practicaban (9).
También son destacables otros estudios acerca de las mejoras en la estabilidad lateral del cuerpo (Jacobson et al., 1997) y en los síntomas de osteoartritis (10) como también una reducción del dolor y la rigidez en una relación de hasta el 30 por ciento en este tipo de pacientes que practicaron TCC, comparado con los que no (Brismee et al., 2007) (Song et al., 2007). Esto indicaría que la práctica de TCC podría aliviar y mejorar los dolores en pacientes con osteoartritis, demostrando ser seguro para pacientes con artritis reumatoide, y que podría servir como ejercicio con ventajas potenciales para estimular el crecimiento óseo y el fortalecimiento del tejido conectivo (11). En el plano psicológico, hay estudios que sugieren que podría ayudar a reducir la ansiedad y la depresión (12;13;14) y que tendría mejoras subjetivas en la calidad y eficiencia del sueño, notándose beneficios en la duración de este (15). El estudio de Fuzhong et al. (16) demostró que el TCC es efectivo a la hora de mejorar la calidad de sueño y reducir los episodios de somnolencia durante el día en adultos sedentarios y debe ser considerado como una alternativa no farmacológica para mejorar la calidad del sueño en adultos.
Un estudio sugiere que el TCC podría ayudar a mejorar los índices de glucosa en personas con diabetes (17). Otro, especula que un programa de doce semanas podría ayudar a regularizar niveles de glucosa en sangre, ayudando así a pacientes que estén por desarrollar diabetes, aunque es una prueba piloto sobre pocos sujetos, por lo que es poco concluyente. Otro estudio no encontró diferencias significativas entre el grupo de prueba de TCC y el grupo de control como para afirmar que el TCC provocara un cambio significativo en valores metabólicos y riesgo cardiovascular (18). Aun faltarían más estudios para determinar qué rol podría cumplir el TCC sobre los niveles de glucosa, insulina y su relación con la diabetes.





¿LO QUE SABEMOS ES SUFICIENTE?

Si bien los profesores y practicantes sabemos de primera mano y por experiencia empírica que el TCC tiene beneficios directos sobre la salud de la persona e indirectos sobre determinadas enfermedades, sería poco cauto promocionarlo como una panacea absoluta. Las notas que proclaman estos beneficios como hechos, aquellas que podemos leer en las secciones de “salud y bienestar” de un diario o una revista del domingo, citan pocas fuentes y son copias de otros artículos. Tomamos como hechos absolutos sus aseveraciones por la simple presencia de frases de tipo "estudios realizados en la universidad de…" seguidas de Minnesota, Boston o Massachusetts, como si estas pobres referencias geográficas implicaran alguna verdad. Por eso necesitamos citar artículos que puedan ser corroborados por practicantes, profesores y profesionales. Muchos profesores de TCC al leer estos estudios que demuestran los beneficios del TCC dirán "ya lo sabía" o "ya se los vengo diciendo hace años", lo que es una falacia debido a que no podemos hacer una aseveración masiva basándonos simplemente en experiencias propias. Podríamos quizás estar llegando a una conclusión correcta, pero a través de los medios equivocados o simplemente por intuición o vivencias individuales. El problema con esto es que si cada cosa que creemos la proclamamos como verdad sin pruebas y esperamos que los demás lo crean sin pensarlo ni cuestionarlo, sólo damos lugar a que los farsantes de turno puedan terminar diciendo datos como hechos sin que nadie pida pruebas de ello. Si no argumentamos con herramientas y evidencias claras, sólo estamos dejando un gran vacío que servirá para que los inescrupulosos de turno afirmen categóricamente que hay una relación lineal y efectiva al cien por cien entre la práctica de TCC y la cura del cáncer o la diabetes. Este tipo de afirmaciones sólo pueden calificarse como descuidadas, sumamente ignorantes y hasta perversas en algunos casos.
Desde el momento en que tratamos al TCC como un elemento para mejorar la salud lo estamos definiendo como una herramienta para disminuir y prevenir enfermedades. El TCC debería ser tomado en cuenta como un elemento asesor complementario de las técnicas de salud.


LA HIPERTENSION

La hipertensión es una de las dolencias crónicas con más prevalencia en la actualidad, afecta en algunos países a uno de cada tres adultos. Las complicaciones posteriores, como el aumento de riesgo de enfermedades cardiacas, son una de las causas más comunes de muerte en occidente (19). En Taiwán se estima que cinco personas mueren por día por enfermedades asociadas a la hipertensión, figura entre las diez principales causas de muerte en ese país (20). En el Reino Unido se estima que una de cada tres personas mayores de 65 años sufre de hipertensión. En Estados Unidos la causa principal de muerte son las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión es uno de los factores de mayor riesgo causante de estas. Nuestro país no es ajeno a este mal, presenta valores similares a los recién expuestos.
Concretamente, la presión arterial es la presión que presenta la sangre en las arterias, que son los tubos que llevan la sangre desde el corazón al resto del cuerpo. Se necesita una determinada cantidad de presión para mantener la sangre circulando. Diversos factores como la pérdida de elasticidad natural de las arterias y su rigidización pueden elevar la presión arterial (21). La presión sistólica o "alta" es la que se presenta cuando el corazón se contrae y bombea sangre a través del cuerpo. La presión diastólica o "baja" sucede entre los latidos (contracciones), momento en el cual el corazón está relajado.
La presión arterial presenta valores óptimos en mayores de 18 años no medicados en o por debajo de 120-80 (el primer valor es el de la presión sistólica, el segundo corresponde a la diastólica). Se considera pre-hipertensión (o riesgo de hipertensión) a valores entre 120 y 139 en la sistólica y 80 a 89 en la diastólica. Se considera hipertensión por encima de 140-90.
En algunos casos se pueden presentar dolores de cabeza, problemas de visión, falta de aire y sangrado nasal, pero por lo general no presentan signos evidentes, por lo que se reconoce informalmente a la hipertensión como una “asesina silenciosa”, porque muchos la sufren durante años sin siquiera darse cuenta. En el 95 por ciento de los casos las causas de la hipertensión son desconocidas, puede ser causada principalmente por factores genéticos. También la falta de actividad física, el sobrepeso, añadir mucha sal a las comidas, deficiencias nutricionales y mala alimentación podrían ser la causa de una presión arterial elevada. Los métodos comunes para tratar la hipertensión son la medicación, el control rutinario de los valores, la dieta y la actividad física. La actividad física está asociada a beneficios para la salud, que incluyen la disminución en la incidencia de enfermedades cardiovasculares, la reducción de la presión arterial y prevención de la misma (Paffenbarger et al., 1986).

ESTUDIOS SOBRE TAI CHI E HIPERTENSION

La pérdida de elasticidad arterial es una de las causas de hipertensión, debido a que la elasticidad es la funcionalidad de la arteria para expandirse y contraerse en cada pulso y relajación cardiaco (Arnett et al., Arterial Stifness: a new cardiovascular risk factor? 1994). Si la arteria pierde su capacidad elástica la presión arterial aumenta, pudiendo dañar la arteria e incluso algunos órganos si se prolonga en el tiempo. Con esta pauta, uno de los principales beneficios del TCC podría ser alentar la elasticidad en pos de disminuir la presión arterial. El estudio Tai Chi, arterial compliance, and muscle strength in older adults, de Xi Lu y colaboradores del Jornal Europeo de Cardiología Preventiva, mostró que los sujetos adultos que practican regularmente TCC tienen una mejor elasticidad arterial que los sujetos de control que no lo hacen. En el mismo análisis se presentó una disminución de la presión diastólica de un poco más del 8 por ciento, debido quizás al aumento de la elasticidad arterial que estimula la práctica de este arte. En estudios similares previos se encontraron evidencias de que el TCC podría disminuir la presión arterial en sujetos con o sin hipertensión (22;23;24;25;26;27). En su estudio Changes in hemodynamic parameters following Tai Chi Chuan and aerobic exercise in patients recovering from acute myocardial infarction, Channer sugirió que en un programa de ocho semanas de TCC podía reducir efectivamente la presión arterial y sugirió que la práctica de este arte podía retardar el declive de la función cardiovascular en pacientes mayores, además de ser una práctica totalmente adaptable y llevadera para adultos mayores. En este mismo estudio realizado en pacientes con infarto de miocardio se midieron los cambios en parámetros hemodinámicos siguiendo una práctica de TCC y ejercicios aeróbicos. Fueron divididos 126 pacientes en tres grupos: el primero de TCC, el segundo de ejercicio aeróbico y el tercero sin ejercitación alguna. El ritmo cardiaco y la presión fueron medidas antes y después de cada sesión. A las once semanas la presión diastólica sólo había disminuido en el grupo de TCC (P <.01) (esta medida expresa muy poco o casi nulo margen de error estadístico) y también se presentó una reducción significativa de la presión sistólica en ambos grupos de ejercitación comparado con el grupo de control sedentario.



Los estiramientos propios de los movimientos de TCC parecerían afectar de manera positiva a la elasticidad de las arterias, como citan Cortez-Cooper MY, et al. The effects of strength training on central arterial compliance in middle-aged and older adults, 2008. En base a estos estudios en donde se fundamenta que la efectividad del TCC en la presión reside en los estiramientos, podríamos preguntarnos cómo afectaría esto en diferentes estilos o maneras de practicar TCC. ¿Un estilo con movimientos más cortos tendría menos beneficios? ¿Quizás un estilo muy largo, pero que ejecute sus movimientos de manera aislada y sin involucrar cadenas musculares, también nos daría una falsa sensación de estiramiento? ¿Son realmente los estiramientos un factor determinante o tendría una influencia mayor la lentitud de su práctica y el uso rítmico y profundo de la respiración?
El estudio sobre Los efectos del Tai Chi sobre la presión (30) concluyó que luego de doce semanas de entrenamiento de TCC se observó un notable descenso de la presión sistólica, de 15.6 mm Hg y diastólica de 8.8 mm HG, el colesterol sérico bajó 15.2 mg/dl y el HDL (comúnmente llamado colesterol bueno) se incrementó en promedio un 4.7 mg/dL. También se verificó una disminución en los estados de ansiedad. Este mismo estudio partió con una base de presión de 130 a 159 de sistólica y de 85 a 99 de diastólica. De los 88 sujetos de entre 35 a 65 años (hombres y mujeres), 37 practicaron Tai Chi y 39 sirvieron de grupo de control. Luego de doce semanas de práctica, el grupo de TCC mostró un descenso significativo en la presión arterial sistólica promedio de 142.4 a 126.8 y diastólica de 87.4 a 78.6. También se notaron favorables cambios en los perfiles de lípidos: el colesterol total bajó en promedio de 205.2 a 190.0, los triglicéridos de 172.4 a 148.6, el LDL (colesterol malo) de 130 a 110 y el HDL (bueno) se incrementó de 51.2 a 55.9. Este estudio sintetiza que en estadios primarios de hipertensión la práctica de TCC puede lograr efectos similares a la medicación sin que se presenten los efectos adversos de estas, aunque este tipo de aseveración debería estar sujeta a más análisis y controles extendidos en el tiempo y en poblaciones mayores. Se especula que los efectos de este tipo de práctica estarían asociados a una reducción de la noradrenalina, un incremento de las prostaglandinas (que controlaría el descenso de la presión arterial) y el descenso de la renina en el plasma (Arakawa et al., 1999; Koga et al., 1992), aunque son necesarios más resultados para confirmar estos mecanismos en la reducción de la presión arterial mediante la práctica de TCC. Los posibles cambios en los valores de los lípidos podrían estar asociados a un cambio en la relación de masa corporal y resistencia a la insulina (Kohno et al., 2000).
Reforzando estos resultados otros estudios mencionan también:
- “La práctica de TCC disminuiría el riesgo coronario al mejorar el estado de la presión arterial” (BP; Yeh, Wang, Wayne y Phillips, 2008).

- “Un programa de 16 semanas de práctica de TCC mejoraría la elasticidad arterial e incluso proveería fuerza excéntrica de los extensores de la rodilla en mujeres adultas mayores” (31).

- “Ocho semanas de práctica de TCC redujo significativamente la presión diastólica y sistólica del grupo de práctica con respecto al grupo de control”(32).
- “El grupo de TCC tuvo un significante descenso en la presión diastólica y sistólica en un programa de doce semanas, como muestra el gráfico 1” (33).





- Distintos estudios (34;35;36;37;38;39;40) analizaron la práctica de TCC en un periodo desde doce semanas hasta tres años, algunos encontraron una reducción en la presión arterial con la práctica regular y, en todos los estudios, una reducción de hasta -2.4 (1.0)mm Hg. En los estudios de Wolf et al., 2003; Wolf et al., 2006; Young, Appel, Jee y Miller, 1999) se mostró una reducción significativa en la presión diastólica y sistólica en estudios que analizaron prácticas de tres sesiones semanales durante doce semanas.
The effect of Tai Chi exercise on blood pressure: A systematic review de Yeh, Chenchen, y Wayne Phillips, preventive cardiology, 2008 (41) muestra un resumen de muchos otros estudios que arrojaron reducciones significativas en valores sistólicos y diastólicos, también muestra un descenso en el ritmo cardiaco en pacientes con enfermedad coronaria y se menciona una similitud con otros métodos terapéuticos que asocien mente y cuerpo (meditación trascendental, métodos de reducción de estrés, Qigong y Yoga). Los mecanismos por los cuales este tipo de prácticas y el TCC contribuyen a la reducción de presión arterial no están del todo comprendidos. El rol negativo que juega el estrés, la estimulación simpática crónica y la vasoconstricción en la hipertensión ha sido descrita (41), quizás el uso de estos métodos para manejar el estrés ayudaría a regular otros procesos negativos del cuerpo para la salud. Otros estudios sugieren que la meditación y la disminución del estrés pueden tener efectos sobre la presión arterial (42).
La lentitud en la práctica requiere y alienta un descenso en el ritmo respiratorio, lo que afectaría el ritmo cardiaco. Esto abre interrogantes sobre si este tipo de prácticas meditativas afectan la regulación de catecolaminas (adrenalina y noradrenalina) y su posterior influencia tanto en el ritmo cardiaco y la cascada hormonal.
Son muchos los estudios que al menos estarían mostrando una relación entre la práctica de TCC y la disminución de la presión arterial, ya no son dichos o cuentos de hadas, son estudios con parámetros que nos darían una evidencia de la posible influencia que tendría el TCC como tratamiento complementario para la hipertensión arterial.

CONCLUSIONES

El TCC tiene tremendos beneficios demostrados, tal vez no del todo comprendidos, los cuales se pueden aplicar a un bajísimo costo y son de fácil implementación. La práctica de TCC parece ser segura para pacientes con hipertensión y reporta ausencia de efectos adversos en su entrenamiento (41). También es aplicable para personas con restricciones al ejercicio vigoroso debido a una enfermedad, su edad o fisiología.
No encontré estudios concluyentes sobre los efectos que pueda tener la práctica lenta que caracteriza al TCC sobre el cerebro, el sistema nervioso y la cascada hormonal. Personalmente, creo que uno de los puntos definitivos en los beneficios del TCC está en el estímulo positivo que pueda tener la práctica lenta sobre algún aspecto de la mente y el cuerpo, y cómo esto influye en otros procesos fisiológicos como la frecuencia cardiaca, la disminución de la presión y el efecto sobre determinadas hormonas. Tal como las situaciones de estrés pueden afectar negativamente la salud, creo que los estímulos positivos -tanto mentales como físicos- pueden lograr lo contrario, aunque nuevos análisis deberían ser desarrollados sobre qué tipo de influencia pueda tener sobre el cuerpo y la mente todo este estímulo.
Todavía faltan estudios para determinar cuáles son los verdaderos mecanismos fisiológicos que pueden contribuir a mejorar todos los aspectos de la salud citados en las fuentes de este artículo. La gran mayoría de los estudios se ha realizado sobre adultos mayores, faltan estudios concluyentes sobre los efectos sobre poblaciones de edad media, jóvenes, obesas y diferentes etnias. No está claro si los efectos positivos se deben exclusivamente a los aspectos de relajación, meditación y de ejercitación en sí, a ganancias periféricas, o a la reducción del estrés que produce cuando nos alistamos en actividades placenteras en las que confiamos y creemos (43).
Muchos de los estudios se realizaron incluyendo pocas semanas de práctica o pocos sujetos, lo que limitaría los resultados de la práctica extendida en el tiempo e incluso limitaría la evaluación en relación al correcto aprendizaje técnico del arte, lo que podría llegar a alterar o variar los beneficios que provee la práctica. Quizás un estudio extendido en el tiempo pueda dilucidar si a mayor comprensión técnica y pericia del sistema se presenta un beneficio igual o mayor. Todavía hace falta medir qué tiempos son los necesarios (en una sesión, semanalmente y en un año) para lograr un estado de relajación y de beneficio fisiológico, aunque esto quizás dependa de las características y capacidades de cada individuo. Faltan estudios totalmente concluyentes como para llegar a una afirmación final, pero la presencia de abundante bibliografía muestra una tendencia generalizada acerca de que el Tai Chi podría ser un buen aliado como complemento de los tratamientos convencionales para la hipertensión.
Quizás he presentado más preguntas que respuestas con respecto a este tema, pero espero que sirvan para seguir buscando y ayudando a la gente, que es quizás el mayor beneficio que pueda ofrecer el TCC a la sociedad moderna.
Referencias destacadas

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