San Ti

 

La Guarida de Milo (Agosto de 2011)

Situaciones para practicar Chi Kung fuera de clase

La historia que me llevó a escribir este tip: hace unos días acababa de entrenar, había quedado cansado, bastante saturado y ligeramente dolorido en los brazos. Tenía que ir al banco y me di cuenta de que era una decisión mía tomar ese trayecto de marcha, unas violentas siete cuadras hasta el lugar mencionado, para bien o para mal. Yo decidía si aprovechaba esas cuadras para relajarme o para quejarme de mi cansancio, el clima, la situación del país o la revolución del Congo.

Elegí bien.

Elegí durante ese trayecto hacer una mini clase de Chi Kung para aflojarme.
Recordando muchos de los consejos que me han dado mis maestros, opté por el más simple, que es simplemente dedicarse a sentir y a dejar el cuerpo lo más flojo posible.
Mientras caminaba me concentraba en dejar los brazos lo más sueltos posibles y que cada paso de mi caminata hiciera que estos se balancearan lo más relajadamente posible. En cada balanceo trataba de sentir cómo los músculos de los brazos colgaban cada vez más y que el movimiento del andar sacudía suavemente el resto del cuerpo como si de un masaje se tratara. Cuando me frenaba en un semáforo simplemente me dedicaba a sentir el apoyo de mis pies, la posición del cuerpo y buscaba un ángulo de posicionamiento de la cabeza que me hiciera sentir cómodo. Así hasta llegar al cajero donde la extensa cola de personas no pudo socavar mi tranquilidad recientemente adquirida.
Sin pretender mitificar ni engrandecer una simple caminata, creo que poniéndole buena onda se puede capitalizar un momento perdido del día. Y no lo digo sólo en un aspecto de práctica, sino también en otros planos de nuestra vida.